1.6.07

Araya




Araya es la hija de Rodolfo y Ximena. Tiene unos ojos preciosos, que le deben venir, pienso, de sus antepasados peruanos. La familia de Ximena es una mutación. Su madre es peruana, su padre italiano, y sus hermanas y ella han nacido, estudiado y vivido en distintas ciudades del mundo, aunque todos en algún momento coincidieron mucho tiempo en Caracas.
A Ximena la ví embarazada dos veces. Una con tres meses, en Cabo de Gata, Almería. Otra cuando estaba a punto de parir, un fin de semana soleado, en Londres. Después, cuando Araya nació, su papá colgó las fotos en una web: http://www.araya-luna.com/ A los tres meses fui a Tarifa, Cádiz, a conocer a Araya. Pasamos un par de días en un hotel en la playa. Aunque sus padres estaban cansados y toda su atención se concentrada en el cuidado de la niña, creo que se portaba muy bien. Una noche, dando vueltas por el jardín, se quedó dormida en mis brazos. Al día siguiente regresé a Madrid en tren y no la he vuelto a ver.
Cuando dejas de ver a un niño durante unos meses, ya no le conoces ni te conoce. Dentro de poco la volveré a ver, probablemente en Barcelona, y entonces será un descubrimiento.
Araya vive en Barcelona, pero ya ha vivido en Londres y en Sydney. También ha visitado Korea y no sé qué otras ciudades. Sus padres también han viajado y viajan mucho.
A veces yo me he negado a cambiar algo de lugar, un mueble, por ejemplo, simplemente porque me parece que si todo está en orden y las cosas no cambian la vida es más fácil, pero no creo que sea así, de verdad.

17.4.07

¿Sophia o Simone?


Una chica puede ir de un extremo a otro y ¿por qué no? ¿Quién dijo que hay que ser coherente?
El otro día mi amigo Jaime Miranda me dijo que un ataque de celos le recordaba a Sophia Loren y me hizo mucha gracia. Me acordé de todas las veces en las que fui más bien como la Beauvoir. Dejé pasar muchas oportunidades para arrancar las cortinas de un tirón. Tenía la sangre fría o no había desarrollado aún un estilo para manifestar los celos. Da igual. Ahora, definitivamente, lo importante es manifestarme acaloradamente.

15.3.07

Año 2030

En Madrid es muy fácil encontrarse en todas partes a señoras con más de sesenta años. Activas, y orgullosas en todas partes: los teatros, el cine, las tiendas, los bares, el metro. Yo siento mucha admiración por la vejez femenina y no es una extravagancia. Seguramente se debe a que vengo de una ciudad donde ellas son invisibles en la escena pública y a que me crié junto a una tía abuela maravillosa.
Desde hace mucho tiempo me imagino todas las cosas que haré a partir de los sesenta años. Los vestidos elegantes, las lentes de sol gigantes, el pelo de peluquería, el bolso a juego con los zapatos y el cinturón, las uñas pintadas, los talleres de arte y de tejido (estoy segura de que como yo muchas mujeres de mi generación llegaremos a los sesenta sin saber tejer), las citas de los viernes con mis amigas en el café, el viaje por Italia en autobús y la suerte de poder decir exactamente lo que pienso cuando quiero. Incluso he pensado varias veces en irme a vivir a una residencia.

El Chapulín Colorado 2007



¿Todos recordamos al Chapulín cuando necesitamos que alguien nos rescate? La magia del superhéroe de los calzoncillos por fuera y el escudo de corazón, consiste en reforzar esa idea. En los episodios siempre pasa lo mismo y no por eso el efecto es menos poderoso: alguien tiene un inconveniente y lo invoca, él hace una atropellada aparición para resolver el conflicto, improvisada y casualmente pero con una voluntad y convicción arrolladoras, en el último minuto, justo antes de que se acabe el capítulo.
Imagínate una segunda temporada, treinta años después o un poco menos, en la que pudiéramos ver al Chapulín Colorado, en persona, día tras días, resolviendo sus propios problemas y necesidades, sin uniforme. Imagínate qué ilusión ver eso, después de que ha sido toda la vida tu superhéroe favorito.

9.3.07

Mermelada ácida

Hay un blog que leo con pasión desde el verano pasado, se llama La calandria de mermelada y lo escribe una caraqueña anónima. Tiene muchas cosas que aprecio: es espontánea, directa, calculadora, pragmática y sin censura. Creo que no le puedo pedir más. Este es el link: http://calandriademermelada.blogspot.com/
El último post es muy interesante: Bú!

26.2.07

Hacer lo correcto

Do the right thing de Spyke Lee en mi época universitaria era una peli de culto. A mí me gustaba también por el título. Siempre me ha parecido un hecho más que prodigioso hacer lo correcto. Con el tiempo me ha quedado claro que la cuestión se resuelve siempre en la práctica, como la mayor parte de las cosas importantes.
A la hora de la verdad, en las circunstancias más difíciles, hacemos lo que podemos y eso es lo correcto. Pero ¿por qué si hemos sido capaces de sobrevivir a una guerra nos surgen tantas dudas cuando nos enfrentamos a un pequeño problema del corazón, a uno de esos asuntos pequeño-burgueses, como una piedra en el zapato?
El viernes pasado hablaba con unas amigas sobre lo fácil que es para nosotras pasar la noche con un tipo que no nos interesa para más nada y tan difícil hablar con sinceridad sobre nuestros sentimientos. Son especialmente delicados los temas que tienen que ver con celos, compromiso, futuro, hijos... ¿Estamos a la deriva todavía, en medio de la lavadora, las pastillas anticonceptivas, el trabajo, el divorcio y la práctica sexual?
En los casos importantes tenemos necesariamente que hacer algo, porque la situación lo requiere. Por eso hacemos lo correcto cuando hacemos algo, lo que sea, y la sensación es liberadora porque estamos obligados a hacer algo y sólo tenemos una oportunidad.
En las relaciones de pareja, en cambio, hay situaciones intermedias, grises, en las que podemos hacer algo o todo lo contrario, huir, callarnos, enfrentarnos, seguir adelante, aguantar, terminar. Es una zona en la que parece que no hay nada correcto, para bien pero también para mal.
Me gustaría creer que hay un punto medio, entre el pre y el postfeminismo, para desenvolvernos con soltura cuando tengamos una de esas molestas piedras en el zapato y hacer lo correcto sin autocensurarnos.

6.2.07

L'Atalante



Casi siempre cuando hablamos de nuestra iniciación en el amor hablamos de la primera vez que nos enamoramos, por ejemplo. Lo suelo hacer yo también, sin embargo, siempre he tenido presente a la primera persona que se enamoró de mí. No sé, será porque me sorprendió mucho. Hace poco esa persona a la que no veo hace diez años o más, salvo en un encuentro casual y veloz, en la Plaza de La Castellana de Caracas, ha dado con este blog por azar y me ha dejado una nota.

Ahora que ha pasado tanto tiempo me gustaría volver a decirle lo provechoso que ha sido siempre para mí conservar ese recuerdo. Así que, Ale: muchas gracias por ayudarme sin quererlo tantas veces a distinguir lo que es el auténtico amor, por llevarme a ver L'Atalante en aquella época mágica, poética y arrabalera, por 1992. Discúlpame siempre por todo lo malo.

30.1.07

Dinero

Hablamos de la independencia en muchos aspectos: de la familia, de la pareja, del estado, de la empresa, del sexo y hasta de los aparatos, pero ¿por qué es tan difícil hablar de la independencia económica para las personas que trabajamos en el sector de la cultura?
Para cualquiera de mis amigos ingenieros, auditores, consultores, abogados, informáticos, arquitectos o administradores que tienen trabajo no es tan difícil. Entre ellos y nosotros (me refiero a mis amigos periodistas, filólogos, licenciados en filosofía o historia o artes) prácticamente no hay diferencias en cuanto a la situación laboral: horario, responsabilidades, formación, capacidades, objetivos. Sin embargo, en cuanto al dinero las diferencias son abismales.
Parece que para los trabajadores del sector cultural una parte de nuestro sueldo es inmaterial y parece, no sé por qué, que debe ser así. Es como si por estar vinculados a una parte de la vida más placentera, como leer, por ejemplo, no podemos disfrutar de una vida solvente.
Se trata de una situación injusta, eso sin duda, y creo que la solución no pasa por preguntarme el por qué. Eso ya lo he hecho muchas veces y lo haré cada vez que pierda la paciencia. Ahora estoy intentando aplicar otra fórmula más pragmática: hablar de dinero y pensar en él con la misma libertad que lo hacen los otros. A ver si así, al cambiar un poco la manera de interpretar el asunto, comienzo a ver un cambio. A fin de cuentas yo pago lo mismo por mi alquiler, voy al mismo supermercado, quiero irme de vacaciones y necesito unos zapatos nuevos.

17.1.07

Game over. Start again. Welcome to the next level

Lo bueno que tiene una mudanza es que puedes estrenar una vida o intentarlo, que ya es bastante. No conoces el barrio, no sabes donde está el supermercado más cercano, ni la farmacia, ni el veterinario, no conoces a los vecinos ni te conocen y los amigos aun no saben tu dirección. Hay momentos en los que ni siquiera te reconoces dentro de ese nuevo hogar y la experiencia de colonizarlo y ser colonizada es un privilegio.
Desde el punto de vista contrario lo bueno que tiene dejar una casa es la posibilidad de dejar atrás algunas cosas con las que no queremos seguir viviendo. Un pantalón manchado, un mueble odioso, un plato roto, un aparato inservible, unos cuantos tornillos incógnitos, una vecina histérica, una extraña sensación de conformismo.
He escuchado a la gente decir que las cosas malas te siguen a donde vayas pero yo he tenido suerte. He vivido en muchas casas y tengo buenas experiencias al respecto. Da igual el tiempo que vaya a estar en un hotel, un motel, una pensión, una casa de playa, un apartamento prestado, alquilado, propio. Una vez que te has instalado en tu nueva vida estás más conectado con tus deseos y parece como si empezaras a moverte al ritmo que necesitas para salir adelante.
Estoy convencida de que las mudanzas generan cambios en nuestra manera de ver las cosas y de vivir. Pueden ser el inicio de pequeños o grandes comienzos. Claro que no todas las mudanzas son igual de trascendentales, depende de la necesidad que tengas de cambiar y de las circunstancias. En mi caso llegar a Tenerife hace casi cuatro años fue fundamental. Se quedaron en Caracas las cosas que necesitaba dejar lejos y todavía conservo las energías de vivir frente al mar durante ocho meses, rodeada de gente entrañable.
Hace un mes nos cambiamos de piso y de barrio en Madrid. Tieta se ha adaptado bien porque ahora tiene más espacio, más luz y podemos ir al Retiro todos los días. Por los momentos el problema de su ansiedad está controlado. Por otra parte, a mí esta mudanza me ha hecho rescatar una actitud optimista frente a la vida afectiva y profesional y, por supuesto, la alegría de vivir.
Mi amigo Carlos Ortiz, que es un acérrimo enemigo de los optimistas, me diría que tenga cuidado con lo que digo pero lo que él no sabe es que yo aprendí a no ser optimista como quien tiene fe y espera. Desde hace tiempo hago limonada cuando me caen limones. Algo así dice una canción de Rubén Blades y funciona. Eso sí, nunca antes como en este mes he tenido tan presente las palabras mágicas de Rosalba (o de Violeta, su alter ego), el personaje de Diablo guardián, la novela de Xavier Velasco: Game over. Start again. Welcome to the next level.

15.12.06

Navidades

Las navidades son muy raras. Parece que a nadie le importan demasiado pero no estoy segura de que sea así. En mi caso las fiestas de diciembre vienen con el desasosiego y por eso siempre estoy desubicada: en medio de mi familia, de la familia de unos amigos o de una familia política. Da igual. Desde que recuerdo ha sido así. De hecho, me pasan cosas increíbles. Hace un par de años, por ejemplo, tuve un ataque de asma, a mí que nunca me había dado asma, y en lugar de comer las uvas tuve que ir al hospital.
Para empezar, todas las personas que conoces y que durante el año ves con frecuencia se evaporan en navidad. Es lo normal. Así que uno nunca sabe exactamente qué hacer. Este año tomé la iniciativa de invitar a unos amigos a cenar en casa, ahora que la Tieta y yo nos hemos mudado a un apartamento más grande y más acogedor.
Mis amigos prácticamente desconocidos son extranjeros y esta es una buena razón para reunirlos ese día. Creo que seremos un grupo estupendo porque la experiencia me dice que cuando en el grupo hay al menos un extraño, aparte de uno mismo, se produce un efecto tranquilizador. En mí ya ha comenzado a producirse: estoy contenta sólo por el hecho de saber desde hace un par de semanas lo que voy a hacer. Tanto que el mayor problema consiste en encontrar un menú navideño que se adapte a la tradición de México, Estados Unidos y Venezuela, y este tipo de problemas son los mejores de la vida.

Sin embargo, no cabe duda de que siempre hay una excepción a la regla. Entre 1994 y 1999 las navidades no fueron para mí ni sobresaltos, ni angustias, ni tristezas. Si no fuera por esos años, por ese paréntesis, no guardaría ninguna esperanza de que las cosas pudieran mejorar.