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2.10.11

Celebrating

Celebrando con Tieta su 11 cumpleaños y que, como de costumbre, la tierra es redonda.

Sin embargo, el martes de esta semana todo era muy diferente. La tierra era plana. La dejamos en el veterinario temprano y salimos obligados por orden del mismo veterinario. Brockwell Park está justo enfrente. Entonces pensamos ir caminando por el parque para regresar a Brixton. Las 50 hectáreas de Brockwell Park, que hemos andado tantas veces ya los tres, se convirtieron en un precipicio. Fue salir de la clínica y caer inmediatamente por ahí. Eso es lo que tiene el vacío, es rápido.

No pudimos evitar la anestesia general para quitarle un bulto abierto de unos cuatro centímetros en un costado de su pata trasera izquierda, que nunca cicatrizó ni se curó con antibióticos ni con brebajes que vinieron de España, México y Venezuela. Al contrario, fue creciendo gracias a la compulsiva pasión con que ella se lamió cuando no tenía esa pantalla que rodea el cuello del perro para evitar que se haga daño a sí mismo. Por recomendación del veterninario, había que hacerle una esterilización.

Un día después, confirmando que la tierra no era plana sino redonda, regresé por ese parque para traerla a casa. Feliz de esa redondez que nos permite acercarnos, reunirnos, reencontrarnos, rehacernos y recuperarnos. Confirmando que el asunto del otro día fue una relativización propia de la debilidad de carácter.

Y hoy, sin invitados, aunque nos hubiese gustado, estamos celebrando esas energías de la Tieta para recuperarse,  mientras escuchamos Celebration de Kool & The Gang.

Esta es la foto primera foto que tengo de Tieta, de la navidad del 2000.

16.9.11

Returning home


Tratando de explicar lo que significa regresar a casa todos los días, tengo que partir la historia en dos: antes de Tieta y con Tieta. Una vez marcada esa brecha, está más claro que sólo después de T. el asunto ha tenido un significado.

Me ha pasado que lejos de casa, empiezo a pensar: ¿Qué tengo yo que seguir haciendo aquí en esta fiesta, o en esta oficina? Y entonces salgo disparada. Mientras me voy acercando, acelero el paso. Y se acelera el corazón. Y la respiración. T. está del otro lado de la puerta, la he sentido venir como un relámpago. También ella está acelerada. Abro sin mover una pestaña. ¿Me habrá sentido venir, verdad?  Y paro de pensar en ese momento. Ella ya está saltando alrededor mio, encima mio, dando vueltas sobre sí misma. Diez minutos, más, menos, nadie los cuenta. ¿Te acuerdas de Dino y Pedro Picapiedra?  Terribles consecuencias en verano, con minifalda y sandalias. Y como pasa con la pasión: fuera, nada existe. Ni el día fue triste, ni estresante. Ni nada fue mejor, ni más importante.

Por supuesto que es normal sospechar que otros factores, menos benevolentes que esta pasión, han estado presente en la historia de mi regreso a casa. Pues, sí. De todo un poco. Suspense, tragedia, thriller, acción, drama. Diferentes dosis. Sin embargo,  ¿a quién le importa ya el ultimatum de la presidenta de la junta de condominio, y los 50 exámenes pulverizados de mis alumnos, y la muerte general del coffee table book, y la destrucción del sofá de diseño, y la caca justo detrás de la puerta, entre otras anécdotas, si lo verdaderamente importante, que es la pasión, siempre, siempre ha estado ahí? Pasión en su más pura expresión. Incondicional. Compartida en exclusiva con nuestro superhéroe favorito, el CH.

11.9.11

Nightmare


Estoy viendo a Ismenia desde la ventana de un tercer o cuarto piso. I. me está viendo y tiene a Tieta agarrada por la correa. Hay un parque, entre el edificio donde estoy y ellas. Un parque complicado, un bosque, un laberinto dentro de un laberinto. En las manos tengo un jersey asqueroso y tengo que dárselo a I. Le hago señas para que se acerque, pero ella me hace señas para que lo lance al suelo. Dejo caer el jersey desde la ventana. Ella suelta a Tieta en ese momento. A la carrera, Tieta entra en el parque. Veo a I. caminar lentamente, con dificultad,  y escucho sus gritos: ¡Tieta, busca el jersey! Veo cómo Tieta se va perdiendo, sin escuchar a I. y cada vez es más invisible para mí. Bajo sin aliento las escaleras y sin llegar hasta el final, me despierto. Sin abrir los ojos, sé que la migraña está ahí. Es domingo, son las 7.

10.12.09

Tieta, con impermeable


No importa si vas al supermercado de la esquina o mucho más lejos. No importa lo que dice el pronóstico de Weather.com o la BBC. No importa si antes de salir te asomaste por la ventana y viste el cielo despejado. Verano o invierno. Siempre puede llover en Londres.

El impermeable de Tieta es un regalo de la familia Melia+Bianco

23.1.08

Un lobo en el polígono industrial


Hay problemas que no tienen solución. La ansiedad de Tieta, por ejemplo. Esfuerzo, entusiasmo, rutina, carácter, voluntad, ejercicio, fe, optimismo, espacio, ruegos, veterinarios, medicamentos, juguetes… Nada ha servido para ayudarla a controlar la ansiedad cuando se queda sola en casa. Ella no ha podido dejar de llorar y yo no he podido encontrar una solución para dejar de trabajar y estar en casa.

El lugar donde vivíamos antes era el paraíso de los perros. Había dos y tres en cada piso. Como una gran manada inmobiliaria. Qué pena tener que salir del paraíso sin tener culpa de nada, sólo porque el propietario se le ocurrió hacer un apartamento en una terraza y sin permiso de obras. En el nuevo edificio no hemos pasado la prueba. La vecina ya se quejó tres veces, por escrito y en persona, conmigo, con la portera y con el propietario del edificio. Hice lo que pude y también le pedí disculpas. Al final, cuando no tenía otra alternativa que matar a la vecina, apareció el Chapulín Colorado.

El tren de cercanías de Madrid, para mi sorpresa y la de muchos, permite llevar perros con bozal. Así de fácil. De esa manera Tieta viajará con el superhéroe los lunes por la mañana y los viernes por la noche en tren, para pasar la semana en el taller de un polígono, en las antípodas de un pueblito al suroeste de la comunidad de Madrid. Donde el diablo dejó las cholas.

Durante el día, la niña de los ojos moros estará acompañada y será muy feliz. No me echará de menos en ese universo eminentemente masculino. Yo sí, y para compensar un poco su ausencia todavía no he decidido qué hacer. Supongo que lo mismo le pasa a las madres cuando dejan a sus cachorros en la guardería por primera vez. Una mezcla de culpa con intranquilidad, dolor y otros tormentos.
Por las noches, cuando termine la actividad en el taller, Tieta se quedará sola. Sus aullidos irrumpirán con más fuerza que nunca, nadarán en un silencio desconocido para ella. Probablemente nadie la escuchará, pero yo sabré que hay un lobo en el polígono industrial.

4.12.07

My life with a dog

El dolor del domingo por la mañana lo dice todo. El día después de la mudanza uno no se despierta, resucita. Los brazos y la espalda te recuerdan que has trabajado en una oficina durante los últimos quince años y que desconoces lo que es el esfuerzo. Tanto pensar no sirve de nada.

Todo a mi alrededor es un maremagno y yo un barquito a la deriva. Imposible encontrar la cabeza o el jabón o el pan o un par de zapatos que no me rocen las ampollas. Pienso con cariño en esa idea tan lejana del sedentarismo. ¡Cómo es que he salido nómada, sin tener el don de la adaptación!

Miro con asombro un total de 100 cajas, bolsos, bolsas y maletas. Reconozco que podría vivir sin todo eso pero no puedo tomar una decisión tan importante en ese momento así que me doy unos minutos de reflexión antes de que se me ocurra una manera de empezar. A la derecha hay una caja que dice: “Literatura rusa, etc”. A la izquierda otra que dice: “Baño”. Entonces me alegro, no me he vuelto loca, sé inmediatamente por dónde empezar. En los momentos así, saber por donde empezar es un motivo de alegría.

Básicamente me dediqué todo el día a la cocina y al baño. No hay armarios ni muebles en la casa, así que el resto de las cajas las agrupé por su contenido e importancia en columnas y así se quedarán hasta nuevo aviso.

Cuando acabé con estas tareas, un poco zombi todavía, la casa ya tenía un poco de alma. Había encontrado un lugar fantástico en el centro de Madrid, más cerca del Retiro, con el suelo de madera y los techos altos, con mucha luz, con calefacción central, con la cocina nueva. En cuatro semanas había logrado resolver el problema en que me puso mi casero ilegal. Estaba muy contenta. Por fin podría descansar.

Salí a dar un paseo con Tieta y luego la dejé en casa mientras buscaba una cortina para el baño y comida para la semana. Me tardé unas dos horas. Al regresar encontré en la puerta una amenaza de mi vecina escrita en mayúsculas: "Encárgate de tu perro. No para de llorar. Es insoportable. Mañana te denunciaré con la policía y con ambiente si sigue igual". Salimos corriendo al veterinario. Empieza de nuevo el tratamiento para la ansiedad de separación y como dice Scarlet en Lo que el viento se llevó: mañana ya veremos. Siempre queda el recurso de matar a la señora.

De momento, una foto de la mudanza.

9.11.06

La manada

Una noche en Caracas, cuando Tieta todavía era un cachorro, salimos corriendo por una callecita en Los Palos Grandes mientras mis amigas esperaban unas pizzas en la terraza del restaurante de Evio di Marzo. Habíamos cogido impulso suficiente para volar cuando nos enredamos en un poste. Ella se soltó pero yo seguí aferrada a la correa, hasta que de un tirón me caí de espalda al suelo. Una semana después no podía con el lumbago y le conté a José Roberto Duque lo que había pasado. Recuerdo que me dijo: “si fueras un hombre te diría que eso te pasa por andar con perras”.

Desde el año 2000 Tieta y yo vivimos juntas. Fue un regalo sorpresa de navidad que me hizo mi ex para compensar, como me explicó unos años más adelante, la compañía que él no podía ofrecerme, tan ocupado como estaba siempre en su trabajo.
Han pasado todos estos años para que yo comprendiera los principios básicos de la convivencia humano-canina. El primero: que los perros viven en manadas, y que Tieta y yo formamos una manada. El segundo: que en cada manada hay un jefe, y que yo soy el jefe en esta manada. El tercero: que hay ciertos perros que no soportan que sus jefes abandonen la manada, como Tieta. El cuarto: que los problemas de la manada son los problemas vitales del jefe, es decir, que el sufrimiento de Tieta es mi problema vital.
En lenguaje veterinario esto se llama ansiedad por separación. Una enfermedad que consiste en un sentimiento de abandonado insoportable que puede manifestarse objetivamente por medio de la destrucción de objetos y/o llantos y ladridos.
En Caracas Tieta se comió los exámenes de mis alumnos, todos los libros, los rodapiés de madera, los teléfonos, el sofá de piel, el sofá nuevo y todas las cosas que pudo alcanzar. Cuando el apartamento se convirtió en un escenario minimalista y, por otra parte, yo necesitaba replantar mi corazón urgentemente, tuve dos buenas razones para cruzar el Atlántico.
Ahora, en el apartamento donde vivimos en Madrid, no hay exámenes, ni libros, ni teléfonos, ni sofás, pero Tieta no ha logrado sentirse segura todavía. Ha enloquecido a los vecinos a punta de aullar, mientras yo estoy en la oficina, y me temo que muy pronto nos veremos obligadas a ser una manada callejera si no encuentro una solución.
Cuando estábamos en Caracas, para subirme un poco la moral, llegué a plantearme que las cosas materiales no tenían valor, aunque no me sirvió de mucho porque la verdad es que sí me importan. Ahora me pregunto constantemente si seré capaz de inventar algo que hacer para vivir, sin tener que separarme de ella.

Me parece, eso sí, que esta enfermedad de Tieta, típicamente canina, tiene su equivalente en los especimenes humanos más débiles. Al igual que le pasa a los perros, algunas personas no soportan la partida de sus jefes de manada y, mucho menos, la idea de vivir abandonados.