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5.11.10

No recipe, no Ergotamine

Pocas cosas son tan malas como trabajar con migraña. Ese día es interminable.

A las 6:20 de ese día interminable se acabó el trabajo pero no el martirio. Llegué a la farmacia que está más cerca de la zapatería y pedí mis pastillas. Cualquiera que tuviera 1 gramo de Ergotamina. A esa hora ya estaban en el chinatown el Chapulín Colorado y nuestros amigos de Madrid, Laura y Jaime, el cumpleañero. Me esperaban para cenar e ir a un concierto.

En la farmacia, el regente me preguntó:  Why not Sumatriptan? ¡Ya empezamos! La costumbre inglesa de no decirte que no a la primera. Porque no, porque la ergotamina también es efectiva. Porque ya estoy acostumbrada. Porque hoy se me han quedado en casa las pastillas que compro en España. Please, could you help me? Nada. No recipe, no Ergotamine.

Sumatriptan es un viejo conocido de Caracas. No leí el prospecto. Tome una pastilla cuando los síntomas de la migraña comiencen. No tomar más de dos pastillas en menos de 24 horas. Me tomé las dos únicas pastillas que vienen en la caja a la vez, como en los viejos tiempos. Después de haber cruzado la barrera del dolor no hay síntomas, sólo infierno.

En esos casos lo mejor es escaparse de cualquier situación social pero se trataba de un reencuentro que había estado esperando por mucho tiempo. Conseguí desenvolverme con bastante naturalidad en la cena, con sólo una mínima parte de mi alma funcionando. Eso sí, nadie me llevó la contraria cuando decidí quedarme en la cama y perderme el concierto de Rosendo. Todos saben de sobra que yo no soy fan de Rosendo.

14.5.10

Conexión Montreal

Hace diez años a Carlos y a mi nos separaban tan sólo dos semáforos, en la última de las ciudades góticas, Caracas. Sin embargo, sabemos que una distancia insignificante se convierte necesariamente en un largo viaje si hablamos de una cuidad donde sobran las circunstancias, como era la nuestra. Para llegar de una casa a la otra teníamos que cruzar el reinado de Sabana Grande, donde una inmensa red de hábiles comerciantes callejeros, llamados buhoneros, asentaron las bases de un inmenso mercado, no reconocido por la economía formal pero eficaz a la hora de dar respuesta a las demandas del público más heterogéneo que se haya visto jamás, debido a la diversificación de sus bienes y servicios. Con todo, Carlos y yo nos organizábamos bastante bien para cenar el lunes, para tomar algo el miércoles, para salir de fiesta el viernes o para un rato de psicoanálisis el domingo. También llevábamos estupendamente el intercambio ante la escasez de alimentos, agua o gasolina. Hay pocas ocasiones en las que los amigos adorables son, al mismo tiempo, tus vecinos, y yo tuve la suerte.

No todo iba tan bien, sin embargo, y un día, cuando tuve mis cosas recogidas, Carlos me llevó al aeropuerto. Mientras yo apenas me instalaba en Tenerife, él recogió las suyas para irse a Montreal. No le dimos ninguna importancia a aquella despedida. He pensado que ninguno de los dos, y ninguno de los otros amigos de quienes me despedí en aquel momento, tenía una idea clara sobre la distancia y el tiempo que pondríamos de por medio.

Ahora escucho a Carlos y escucho su música, que ha sido siempre una parte imprescindible de él. Lo escucho con una alegría tan exagerada que me hace pensar que sale el sol y que no estamos tan lejos. Conexión Montreal es el programa donde, todos los domingos, Carlos Liscano y Juan Pablo Jaimes presentan una selección temática de música de todas partes del mundo, de aquellos y de estos tiempos, y ofrecen sus comentarios más como amantes que como especialistas. Les gusta decir que Conexión Montreal va de sur a norte, pero ellos saben muy bien que los caraqueños estamos y nos escuchamos en todas partes del mundo.

8.12.09

Nuevos padres en batalla



Bob: The most terrifying day of your life is the day the first one is born
Charlotte: Nobody ever tells you that
Bob: Your life, as you know it... is gone, never to return
Lost in Translation

La otra noche, en larga conversación Quebec-Londres, con mi amigo Liscano, que ahora es padre de una niña llamada Valentina, salió el tema de los hijos, de las parejas con hijos y sus roles, de la dificultad de mantener viva una parte esencial de la identidad, dentro de ese entorno participativo y demandante que llaman "nueva paternidad".

Liscano, además de ser padre novato y entusiasta, tiene un trabajo absorbente pero necesario. Sería normal que se preguntara o le preguntara a un oráculo, cómo disponer de ese deseado momento al día o a la semana, energías incluidas, para dedicarse a sus viejas pasiones, como la música o el cine, sin pecar de descuido, culpa u omisión.

Por otra parte, las madres que conozco hacen oraciones especiales y ejercicios de agilidad mental y física si quieren tener un minuto de paz para cualquier cosa. En Madrid, mi amiga Linda ha empezado a escribir un blog sobre las aventuras y malabarismos que hacen posible un hecho admirable, que una madre pueda seguir siendo la misma persona que era, o casi la misma. Cosas de niños está vinculado a la web FronteraD, se va a actualizar los martes y no deja de tener algunas virtudes de Linda, buen humor, honestidad y razón.

Si bien es cierto que muchas cosas han cambiado con respecto a la implicación paterna y materna en la crianza, a los individuos nos cuesta un tiempo asimilar, adaptar, incorporar, intervenir o descartar las novedades que son bienvenidas socialmente, incluso las que vienen con la intención de mejorar las antiguas prácticas. Un padre en solitario que corre con una sonrisa tras un par de niños en el parque, es tan atractivo como una madre profesional y exitosa. Ambos han traspasado viejas barreras sociales, aunque hay mucha tela que cortar todavía en la estrategia moderna de cambiar, intecambiar o concentrar los roles.

Más allá del asunto de las responsabilidades, me encanta que mis amigos, felices de ser padres, me sigan hablando con pasión de sus intereses e intenten mantenerlos vivos.

En la foto, Joanna y Bárbara. Caracas. Agosto, 2009.
Joanna es madre de Bárbara, directora de arte, chofer de largas distancias y estudiante de Filosofía.

24.11.09

¿Se parece a Joel, verdad?


¿Se parece a Joel, verdad?, me dijo el Chapulín la otra noche en Oxford Street.
Tratamos de no hablar de ese tema, pero es inevitable. Él también extraña a sus amigos de Madrid.

24.7.08

Cumpleaños


Finalmente ha bajado la temperatura. Tengo la ventana abierta de par en par y corre la brisa. Todas las luces del edificio que tengo enfrente están apagadas. No tengo que hacer nada. Silencio absoluto. Un lujo. Hoy cumplo 38 años. Para celebrar voy de paseo por la mañana, con Ismenia y Tieta, y esta noche con el CH voy al cine y a cenar en un japonés. El plan perfecto. No sé si hubiese hecho una fiesta, pero me resultaría complicado. Hace mucho que no veo a casi todos los amigos que viven en Madrid, algo imperdonable. Atrapada en otras historias, he perdido el mood para la vida social y no logro recuperarlo. El resto está de vacaciones, o están en Caracas, o están regados por el mundo. De todas maneras, me gustaría que supieran que les echaré de menos y que esperaré la ocasión para celebrar con cualquier excusa. Estoy pensando en Lucía, Fátima, Ignacio, Iago, Myriam, Joel, Emily, Juan César, Jaime, Rodolfo, Ximena, Tania, Selina, Luis, Marjorie, Gustavo, Italo, Liscano, Marcelo, Joanna, Mairí, Maytté, Arturo, Antonio, Argenis, Cristina, Gabriel, Natalia...

15.5.08

Araya's Birthday. London (3/3)

A Araya le gustan mucho los libros. Tiene su propia biblioteca y, si te despistas un momento, ella misma va a buscarte uno para que se lo leas. Mientras está escuchando la historia está interesadísima, se rie, se sorprende... Su preferido es uno que tiene las letras de las canciones y un sistema para escucharlas. En el parque se lanza sin pestañar por los toboganes más altos. Cuando llega abajo te mira con picardía. Le gustan las uvas y la coliflor. Se acuerda de Tieta, desde la última vez que la vio en semana santa, y llama Tieta a todos los perros. Sus padres, mis grandes amigos, Rodolfo y Ximena, le regalaron un Arca de Noe, con todas las parejas de animales. Un juguete de diseño, hecho con madera.

El próximo año Araya va a empezar el colegio y sus padres están buscando uno que sea lo suficientemente bueno para que ella tenga todas las oportunidades abiertas cuando sea grande. Están preocupados porque la mayoría de los buenos colegios en Inglaterra son religiosos y ellos no lo son.

De pequeña, yo fui a varios colegios laicos y regulares. Mi educación religiosa estuvo a cargo de Ismenia (la señora que me crió junto a mi tía Ernestina). A partir del día que escuché la historia del Arca de Noe, estaba convencida de que el diluvio se iba a repetir y de que yo me iba a salvar. Eso sí, sin tener que competir con ninguna fiera ni aplastar a ningún insecto. Mi proyecto infantil consistía en desarrollar una estrategia infalible que me permitiera subir al arca. Y lo conseguí, me he salvado -varias veces.

Para evitarle tales dificultades a Araya, comprendo que sus padres busquen una manera de abrirle las puertas desde ahora.

26.12.07

Hallacas made in Spain


El sábado, en el paso de cebra que está frente al Corte Inglés de Goya, la señora que iba a mi lado le decía a su acompañante: ¡Vamos mujer, date prisa, se van a acabar los turrones, estoy segura! Detrás de ella entré en la tienda y me perdí en la abundancia. Allí, en la meca de las compras navideñas, había innumerables familias envueltas por el olor de los jamones, entre filas de mazapan, torres de champagne y langostinos bien dispuestos en el mostrador. ¿Cómo serán sus reuniones familiares? Me pregunto siempre en víspera de nochebuena.

Gracias a las contradicciones afortunadas hay una tradición en mi vida. Tiene que ver con la navidad venezolana y con las dos mujeres que me criaron, Ernestina e Ismenia. Así que este año intenté revivir esa tradición que para mí significaba una actividad llena de placeres.

Hacer hallacas implicaba hacer una gran colecta de ingredientes. Disponer de dos días dedicados a la labor. Experimentar con la transformación de las texturas, olores y sabores a lo largo del proceso. Escuchar música. Ser flexible y tolerante. Crear un estilo propio. Solucionar problemas sobre la marcha. Amarrar. Sacar la cuenta de resultados. Hacer bromas. Y todo esto a la vez.

Espero haberle ofrecido a mis amigos, que vinieron encantados a participar, una experiencia tan agradable como la que yo viví ese día y aquellos días.

29.11.07

Presente


A mi amigo Arturo, de toda la vida.

Hoy salí corriendo por la mañana después de tomarme un te, taparme bien las ojeras y pasear un rato con Tieta por el Retiro, con cuatro grados y una gripe bien descuidada. Cuando llegué a la parada las puertas del autobús estaban cerradas y el chofer se puso en marcha. Seguí corriendo unos cinco minutos más y tomé otro autobús, de otra línea que también me sirve. Abrí mi libro en la parte en que la pequeña Sara se prepara para su visita de los sábados a Manhattan, el lugar más atractivo e interesante de sus fantasías, donde vive Gloria Star, su abuela, una excantante de night clubs. En eso se subió una señora con más de 70 años, de punta en blanco y unas gafas verdes, gigantes. Llegué a la oficina a las 9, como tenía que ser.

En esta historia no hay nada de increíble, lo mejor es eso. Me di cuenta en el mismo momento. Esas tonterías de todas las mañanas constituyen la parte esencial de mi mundo. El otro mundo, el de las obligaciones, las expectativas, el sector inmobiliario, el decorado, las relaciones públicas, el sueldo bruto al año, los compromisos, el control de cambio en Venezuela, no me pertenece del todo, yo casi siempre soy una circunstancia.
Me sentí muy contenta al darme cuenta de que había algo en mi vida tan importante y tan pequeño, imperceptible, intensamente placentero. Tal vez eso sea posible porque en la mañana, a esa hora, todavía estoy medio dormida. Hay un corto período en el que no se ha encendido el motor, desde el que me conecto a la actualidad, al prójimo, a las calamidades, a los prejuicios y resentimientos, a la memoria, al porvenir, al deseo.

Mi amigo Arturo Serrano me decía en Caracas, hace más de diez años, que le gustaba la sensación de ir en el metro tempranito a trabajar, con su comida en un pequeño bolso plástico, y su libro. Por fin lo he entendido y por eso le dedico estas líneas.


El dibujo de Caperucita Roja es del ilustrador Gustave Dore. El libro que me estoy leyendo es Caperutita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite.

22.11.07

Mi alma gemela


Victoria Katz se llamaba una chica que entró en mi clase al final de la carrera, en 1991. En tres años nunca habíamos coincidido y a simple vista no íbamos a coincidir. Ella era muy trabajadora y yo no. Ella estudiaba mucho y yo nada. Ella quería ser periodista y yo no sabía a que dedicarme. Ella escribía muy bien y yo ni por asomo. Ella era rubia y yo morena. Ella leía a Borges y yo a Echenique. Ella tenía una posición concienzuda sobre la política contemporánea y yo sobre la teoría del caos personal. Ella, gracias a sus genes hebreos, estaba predispuesta a sobrevivir y yo a perecer. Ella era porteña y yo caribeña. Ella sabía pelear con su Fiat 147 en ruinas y yo abandonaba a mi fiel escarabajo a la primera de cambio.



Sin embargo, esa chica y yo coincidíamos en cosas más interesantes, cosas que se pagan muy caro. Ni estábamos a la moda. Ni nos tomábamos en serio a nuestra generación. Ni estábamos dispuestas a hacerle el juego a los machos venezolanos. Ni teníamos casa. Ni un centavo. Ni una situación familiar realmente familiar. Y ya lo sabemos todos: las miserias son las que unen a la gente.

En aquellos días Victoria y yo nos instalamos en el apartamento de mi tía Ernestina, cuando estaba a punto de llevársela un tumor cerebral. En aquella casa nosotras hablamos de cosas intrascendentes sin parar, sin prisas, sin comer, sin salir, sin llamadas, sin visitas. Fue un buen comienzo para Victoria y para mí. Desde entonces hasta hoy nuestra amistad sigue intacta. Desde Tenerife, Buenos Aires, Caracas, Madrid, México hablamos repentinamente, con pasión, de las cosas que se pagan caro y de todo lo demás. Tenemos un ritmo que se recupera al instante. La última vez que nos vimos ella me enseñó Buenos Aires, en los carnavales del año 2000.

Todos los capítulos y temporadas de Sex & The City que vi en mi casa de Lavapiés hace un año me recordaron a Victoria y quedé convencida de que esa serie es una oda a la amistad, no al sexo.

Hoy me ha enviado esta foto con la vista que tiene ahora en su casa, en Miami. Ella sabe lo importante que es para mí.

31.8.07

El corazón partío


La última semana que pasé en Espinho, Gustavo y "la bebita", es decir, Marjorie, vinieron desde Bruselas a visitarme. Tienen un niño que es un santo. Ya lo conocía, porque vinieron el año pasado a la Feria de Frankfurt pero ahora, que está más grande, ha desarrollado al máximo su ternura con el mundo y con todo lo que le rodea. No hay más remedio que rendirse a sus pies. Aquí arriba está su foto, de cuando estuvimos en una de las bodegas más interesantes de Oporto, la de Ramos Pinto. Ahora la bebita está embarazada de Hannah, que nacerá en diciembre.


Esos días con ellos me permitieron disfrutar de lo mejor que tenía vivir en Caracas: el encompinchamiento. Comimos desenfrenadamente y a deshoras. Primero el helado, después la sopa, después la merienda, después el plato fuerte, como iba saliendo. Hablamos hasta la madrugada. Fuimos juntos al supermercado y a la peluquería. Hicimos planes entusiastas que probablemente nunca vayamos a llevar a cabo, pero que sirven de terapia. Nos relajamos y nos sentimos en familia. En resumidas cuentas: el broche de oro de las vacaciones.


Por supuesto: el lunes cuando me senté en la oficina a las 8 de la mañana, después de 30 días, no tenía lo que aquí llaman "el sindrome postvacacional", tenía en el corazón partío.

3.8.07

Espinho

Me gusta mucho Portugal y tengo suerte. Tengo lazos que me unen a este país por partida doble. Mi padre y mi padrastro son del mismo pueblo de Oporto: Espinho. De dos comunidades vecinas del mismo pueblo: Anta y Silvalde.
He venido desde la infancia a este lugar y todo me parece conocido. La playa, el malecón, la rua 19, el olor del peixe fresco y del frango de la churrasquería, el hotel Praia Golf, la barra del Esquimó, las viejas vestidas de negro que están por todas las esquinas vendiendo sardinhas de noso mar, la piscina Atlántica, los gitanos de la Feira, los acuarios de los restaurantes llenos de langostas y cangrejos, el pan de ló, las antiguas casonas forradas de azulejos y ventanales de madera con palmeras en la entrada, los pasteles de nata, el prego no pão, el recorrido que hace el tren a Oporto y que pasa por Miramar...
De hecho, cuando estoy en Espinho e incluso cuando vengo de camino, estoy segura de que tengo una doble identidad. Lejos de aquí, sólo tengo dos pasaportes.
Sin embargo, por simples circunstancias, no estoy segura de estar unida a mis figuras paternas por medio de un lazo tan fuerte como el que me une a todas estas maravillas que descubrí en la infancia y que sigo reviviendo con cada viaje.

Lo bueno de los amigos es que siempre están ahí, aunque estén en otra parte, y te entusiasman. Gracias a mi amigo Marcelo Simonetti, que ahora mismo está justo en las coordenadas contrarias, en el Pacífico sur, en invierno, he caído en la tentación de ver los anuncios inmobilarios de Espinho. Nunca se sabe.

1.6.07

Araya




Araya es la hija de Rodolfo y Ximena. Tiene unos ojos preciosos, que le deben venir, pienso, de sus antepasados peruanos. La familia de Ximena es una mutación. Su madre es peruana, su padre italiano, y sus hermanas y ella han nacido, estudiado y vivido en distintas ciudades del mundo, aunque todos en algún momento coincidieron mucho tiempo en Caracas.
A Ximena la ví embarazada dos veces. Una con tres meses, en Cabo de Gata, Almería. Otra cuando estaba a punto de parir, un fin de semana soleado, en Londres. Después, cuando Araya nació, su papá colgó las fotos en una web: http://www.araya-luna.com/ A los tres meses fui a Tarifa, Cádiz, a conocer a Araya. Pasamos un par de días en un hotel en la playa. Aunque sus padres estaban cansados y toda su atención se concentrada en el cuidado de la niña, creo que se portaba muy bien. Una noche, dando vueltas por el jardín, se quedó dormida en mis brazos. Al día siguiente regresé a Madrid en tren y no la he vuelto a ver.
Cuando dejas de ver a un niño durante unos meses, ya no le conoces ni te conoce. Dentro de poco la volveré a ver, probablemente en Barcelona, y entonces será un descubrimiento.
Araya vive en Barcelona, pero ya ha vivido en Londres y en Sydney. También ha visitado Korea y no sé qué otras ciudades. Sus padres también han viajado y viajan mucho.
A veces yo me he negado a cambiar algo de lugar, un mueble, por ejemplo, simplemente porque me parece que si todo está en orden y las cosas no cambian la vida es más fácil, pero no creo que sea así, de verdad.

6.2.07

L'Atalante



Casi siempre cuando hablamos de nuestra iniciación en el amor hablamos de la primera vez que nos enamoramos, por ejemplo. Lo suelo hacer yo también, sin embargo, siempre he tenido presente a la primera persona que se enamoró de mí. No sé, será porque me sorprendió mucho. Hace poco esa persona a la que no veo hace diez años o más, salvo en un encuentro casual y veloz, en la Plaza de La Castellana de Caracas, ha dado con este blog por azar y me ha dejado una nota.

Ahora que ha pasado tanto tiempo me gustaría volver a decirle lo provechoso que ha sido siempre para mí conservar ese recuerdo. Así que, Ale: muchas gracias por ayudarme sin quererlo tantas veces a distinguir lo que es el auténtico amor, por llevarme a ver L'Atalante en aquella época mágica, poética y arrabalera, por 1992. Discúlpame siempre por todo lo malo.

17.10.06

Mis compinches de la feria


Una cena después de la feria, para recobrar el aliento.
De izquierda a derecha: Gema, Alejandra, Natalia (ahora en Barcelona), Johanna (ahora en Berlín) y yo.
La jarra en el medio: un vino de manzana, de película.

8.8.06

My life as a dog




He dejado de ver a Tomás Fernández hace mucho tiempo, tanto que ya ni sé. Recuerdo con gusto los buñuelos despeinados de yuca que le dieron a conocer como un joven promesa de la gastronomía venezolana, en la casa rosada de El Hatillo. La gente llamaba a su cocina "cocina de inspiración". La verdad es que Tomás andaba haciendo gestiones para que la inspiración se quedara instalada en su vida, no tenía sentido utilizarla sólo para un oficio concreto.
Así fue como me contagió su pasión por My life as a dog. Una película sueca que yo no había visto cuando nos conocimos y que según él era una inspiración para la vida. A partir de entonces se me ha quedado grabado un niño de doce años que, en medio del infierno, se las arregla para salir adelante pensando siempre que podría estar peor. Un niño con una entereza y un sentido del humor desbordantes. Una manifestación en contra del victimismo.
Tenía razón Tomás, era necesario una inspiración así para sobrevivir con algo de gracia a los cataclismos que vendrían.

Por cierto, he descubierto que Tomás tiene un blog: http://tomasnomas.blogspot.com/