4.1.09

Entre nosotras


Te llevaste del mercado una pularda el día de nochebuena con el Chapulín Colarado y fue divertido rellenarla de frutas y jerez, como te recomendó el carnicero. No sabías con exactitud qué tipo de animal metías en casa pero eso lo solucionó el diccionario. Una pularda es una gallina joven que no ha puesto huevos todavía y que ha sido cebada especialmente para su consumo.

Hoy has leído el comentario que Emilio ha dejado en Facebook sobre la foto que hiciste de la gallina al salir del horno. A veces él se siente como una pularda, justo como te pasa a tí.

Sentirse como una pularda es algo muy especial. A lo largo de la vida podemos ser pulardas en situaciones excepcionales. Creo que sería poco saludable ser gallos o gallinas todo el tiempo. Los gallos y las gallinas no tienen otro remedio que cumplir con las expectativas día tras día. Ahora bien, como pulardas tenemos una ventaja. Podemos elegir y esa elección tiene que ver con el objetivo de la vida misma, es decir, con ser felices. Por eso las pulardas tienen una vida corta y sencilla, porque la felicidad no puede ser de otra manera.

No hay una fórmula mágica pero de vez en cuando hacer excepciones, perdernos y dejarnos sorprender, es la única manera que tenemos para poder verle la cara a la felicidad. De lo contrario, vamos en fila india hacia ninguna parte. ¿Hay algo más peligroso que andar por la vida con la sensación de estar siempre de vuelta?

Incluso ahora en medio de la tempestad económica internacional y las oscuras expectativas sobre el empleo, vas a cerrar los ojos y a elegir de nuevo. Has perdido hace mucho la inocencia como la pierden los gallos y las gallinas pero, aquí entre nosotras, no has perdido las ganas de vivir. Dentro de unos días vas cruzar la frontera de España y de Francia con Tieta. En Inglaterra, junto al CH, le darán forma a la vida que viene.

13.11.08

Ilusão / Ilusión

Has empezado a recordar todo lo que una vez te hizo ilusión y se quedó atrás. No estás segura pero piensas que a partir de aquellos recuerdos perdidos, tan perdidos como lo estás ahora, será posible dibujar de nuevo un camino.

En el vídeo Marisa Montes y Julieta Venegas.

7.11.08

¿Quién es Inma Soriano?


Mercurio ya no estará retrógrado por un tiempo y eso quiere decir que las cosas comenzarán a caminar. Sigue lloviendo en Madrid pero el olor de la tierra mojada en El Retiro es agradable y mis paseos con Tieta ahora son más largos que nunca. Dos amigos de Caracas llegaron a casa justo a tiempo para alegrarme la vida y dejarme con su partida un buen sabor para rato. He tenido dos entrevistas de trabajo una de ellas muy divertida. No me puedo quejar.

El martes me llaman al móvil.

P: ¿Emilú?
R: Sí, dígame...
P: ¿Conoces a Inma Soriano?
R: Bueno, tal vez no directamente pero...
P: Te llamo de la empresa A para saber si puedes venir mañana a las 18:30 a una entrevista en la calle...
R: ¡Claro! -y apunto todo, pensando a toda velocidad en Inma Soriano.

No tengo ni idea de quien es Inma Soriano. Escribo en google el nombre de la empresa en cuestión y la primera opción que me sale es una empresa de trabajo temporal... No busco más. Pienso: Ok, sabe dios quién es Inma Soriano., pero iré a la entrevista.

Al día siguiente me encuentro una casa fantástica con piscina, patios y jardín. Imposible que se tratara de una ETT, ¡si ni siquiera parece una oficina!

Adentro me entero, efectivamente, de que no se trata de una ETT, de que el encargado de hacerme la entrevista, un chico de Bilbao que parece muy majo, es un amigo de mi ángel de la guarda, que no trabaja allí . Tampoco él sabe cómo llegó mi cv a las manos de su amiga pero allí estamos y comienza la entrevista. Resulta que hay más casualidades. Él vivió algunos años en Caracas y los dos nos vinimos en el 2002 a España. En su trabajo actual en la empresa, digamos que la empresa A, tiene contacto a diario con otra empresa, digamos que la empresa B, para la que yo también he trabajado. En ese momento pienso: ¡ahí está la clave!

Por la noche, llamo a un amigo que trabaja en la empresa B e intento resolver el misterio. Le cuento sobre la entrevista que he tenido y le pregunto si conoce a Inma Soriano. Tampoco él la conoce.

Me gustaría darle las gracias, eso es todo. Independientemente del destino que pueda tener esa entrevista y de mi destino. Y también a quien haya puesto mi cv en sus manos.
En la foto, el estanque frente al Palacio de Cristal, en El Retiro, ayer.

27.10.08

Los lunes al sol



La agencia donde trabajaba desde hace un año cerró y hoy es mi primer día como desempleada. Si se tratara de un efecto secundario de la crisis financiera global al menos tendría una explicación que dar pero no es así y tampoco es el momento de hacer comentarios. Lo cierto es que me tocó salir cuesta abajo con una bolsa de "objetos personales" como a mis 40 compañeros, la mayoría sin un plan B.
Ahora, la primera imagen sobre el desempleo que me viene a la cabeza es la película que protagoniza Bardem, Los lunes al sol. Sin embargo, como dicen que la realidad tiene mucho que ver con la imaginación personal, antes de levantarme de la cama he intentado encontrar imágenes más afortunadas y pasar del drama.
Full Monty, por ejemplo. O Saving Grace. En esta última película, Brenda Blethyn se enfrenta a una viudez anticipada y a las innumerables deudas que deja su marido con una arriesgada decisión que cambia su vida por completo. La jardinera especializada en orquídeas da un giro de 180º y se transforma en una productiva cultivadora de marihuana. En español esta película se dio a conocer como El jardín de la felicidad y la imagen de arriba es el cartel de su presentación en Francia.
Esta mañana haré la cola en la oficina del paro e intentaré representar un buen papel. Pensaré que durante los últimos seis años y medio he estado trabajando en España, sin contar al menos otros diez en Caracas. Pensaré en que, al ser mi primera experiencia en el desempleo, tengo una obligación (además de la principal que es pagar el alquiler): pensar por unos días en mi vida a partir de ahora, antes de caer en las fauces de un nuevo empleo. Aquel proyecto que he tenido siempre guardado en el cajón, el sueño de vivir en otro idioma, el curso que nunca hice, la segunda carrera que no terminé... ¿Quién sabe?

1.10.08

Una chica baila en Caracas y aquí tiembla la tierra

El año sabático que decidí tomarme al venir a España se ha ido alargando y ya son más de seis años. Me ha pasado como pasa en Venezuela cuando tenemos un problema y se plantea una solución provisional. Me he acostumbrado a vivir en España.
Antes de venir dejé todas mis cosas amontonadas en un sótano. Un cargamento de casi cien cajas, maletas y bolsas. El scanner, el secador de pelo, mis sandalias favoritas, el diccionario de filosofía de Ferrater Mora y todos mis libros, cuadernos y libretitas, el edredón amarillo de Jaipur, mi almohada, el estuche de llevar la comida al trabajo, la licuadora, mi mesita de noche, la lámpara naranja de los 60, el baúl negro con la cerradura de bronce que trajo mi tía Ernestina cuando regresó de San Francisco a Caracas, el radio antiguo que me regaló Carlos Ortiz en El Silencio y paro de contar.
Como a quien se le pasa la hora de comer y deja de sentir hambre, yo he dejado con el tiempo de echar de menos mis cosas. Sin embargo, después de acostumbrarme a la segunda persona del plural, al horario, al cocido y al invierno, ha surgido algo inesperado.
Ángela, una amiga venezolana de la agencia donde trabajo, me ha pasado el link de un vídeo que ha hecho despertar en un momento toda mi nostalgia. Nostalgia como quien dice morriña o magua o saudade, o, como decimos en mi tierra, guayabo.
En Algo, de Los Paranoias, hay una chica que baila por Caracas. Una chica como fuimos nosotras en una ciudad que nos dio todo. Dos cosas que siempre echaremos de menos.
El vídeo: http://www.vimeo.com/1139006
Así de grande es la nostalgia que ya no veo el momento de ir a Caracas. No digo regresar. De momento sólo quiero ir.

28.9.08

Interpretación

Comentaba con una amiga que está terminando ahora su carrera en Berlín y que ha vivido en muchos sitios lo complicado que es dar explicaciones personales.
Me gustaría volverme invisible cuando estoy en esas situaciones en las que es necesario contar mi vida o una parte o responder a una pregunta del tipo ¿por qué te fuiste de tu país? ¿Por qué viniste aquí? ¿Quieres regresar? ¿En qué trabajabas? ¿A qué te dedicas ahora? ¿Y tu familia? ¿Y qué planes tienes para formar tu propia familia? ¿Qué haces en navidad? ¿Dónde has invertido tu dinero?
Sin embargo, hago un esfuerzo enorme por decir la verdad, por no exagerar, por ser concisa, por no ser escueta, por no obviar los aspectos significativos y no caer en los agujeros negros, por dejar complacido a mi oyente, por dejar todo claro y no hacerme la interesante.
Lo malo es que diga lo que diga, siempre es una interpretación, como cantar o pintar o hacer una foto o cocinar. Nunca es igual. Si hubiese tenido amantes famosos o hubiese sido corresponsal de guerra, sería más fácil, pero me resulta complicadísimo explicar una vida normal y feliz, aunque muy accidentada.
El problema empieza, por ejemplo, si aparece un amigo en el Facebook y me pregunta cariñosamente, ¿qué ha sido de tí? Hace tanto tiempo que no le veo, que perdi la cuenta. Antes de responder, echo un vistazo rápido en su perfil.
Supongamos que mi amigo trabaja en una empresa de servicios financieros en Miami, no precisamente en el call center. Que está casado desde el 93. Que su hijo mayor tiene 11 años y en la foto de este verano, en Zanzíbar, su mujer va de la mano con una niña de 7. El resto lo termino en mi cabeza: una casa enorme, en medio de un jardín bien cuidado, con una Land Cruiser y dos setter irlandeses. Entonces, empiezo a hacer un resumen muy discreto de estos 17 años, sin mentir pero completamente inofensivo. Y así, cada vez que alguien me pregunta hago una composición distinta, adaptada al caso.
Explicar algo de mi pasado o de mi país a mis amigos en España tampoco es sencillo. Hay muchos registros se quedan por fuera así vayas a explicar qué quiere decir el control de cambio. Esta tarde, sin ir más lejos, estaban unos amigos en casa. Conocí a J y L en Madrid y a S, que ahora vive en Holanda, la conocí en Caracas. Los primeros le preguntaron a la segunda: "¿y vosotras dónde...?". "Trabajábamos juntas en el Museo de Bellas Artes". Hicimos una pausa, supongo que para arrancar con una explicación y arrancamos, pero inmediatamente cambiamos de tema. Hay momentos en los que la vida no admite otra interpretación que el silencio.

18.8.08

The Darjeeling Limited, by Wes Anderson


Cuando pensé por primera vez qué sentido podía tener la frase manida de los libros de educación social y cívica en los años escolares: La familia es la base de la sociedad, la práctica me había demostrado lo contrario. Nunca me pareció que mi familia podía ser la base de algo tan serio como la sociedad (en esos años todavía la sociedad es algo serio). ¿Qué sería de la sociedad entonces? No, tiene que ser un error, una errata, pensaba.
Después de conocer a unas cuantas familias más, durante estos 38 años, no he cambiado de parecer. Aunque hay un par de ellas que son excepcionales y me asombran, son insuficientes para representar a la familia-base de la sociedad. No podrían soportar ese peso ni se justificaría que asumieran una responsabilidad así.
Sin embargo, aquel descubrimiento, primero personal y luego cada vez más amplio, podría haber sido más triste de no haber encontrado un asidero en la literatura y el cine. Cuando leí a J.D. Salinger y di con la familia Glass, supe que no estaba tan sola. La sociedad, empecé a darme cuenta, está formada por esas familias-mounstro. Familias rotas, reconstruidas, separadas, desconocidas, fragmentadas...

Así de contenta también me sentí cuando vi la película de Wes Anderson, The Royal Tenembaums. Pero este fin de semana ha resultado apoteósico, justo cuando estoy más triste que nunca porque me he tenido que despedir de Ismenia, he descubierto por fin la película del mismo director, que se estrenó el año pasado: The Darjeeling Limited.
Los hermanos Francis, Peter y Jack Whitman emprenden un viaje en el tren Darjeeling Limited por la India, sin haberse visto en un año, tras la muerte de su padre, sin tener nada en común, sin más buenas intenciones que escapar de sus crisis personales y sus secretos, con suficiente desconfianza entre ellos y con un exceso de equipaje.
Al igual que los Glass, los Tenembaums y los Whitman viven en los extremos, entre la genialidad y la oscuridad. No son familias perfectas. Nos acercamos a su ingenio con ironía y a su desgracia con humor, gracias a sus creadores. Son superdotados, hipersensibles, autocríticos, escépticos, extravagantes, descarados.
La primera parte de la película, el cortometraje Hotel Chevalier, me enganchó. La película me dejó sin respirar.

Aquí están los trailers:
Mi canción preferida del soundtrack, Where Do You Go To My Lovely, de Peter Sarstedt: http://www.youtube.com/watch?v=GWdTYeMGlB4
Y un comentario muy interesante que he encontrado: http://guillermoinj.blogspot.com/2007/07/la-familia-glass.html

6.8.08

Octavia de Cádiz con el viento a favor

Hay unas cuantas supersticiones con respecto a los viajes que podemos o no compartir pero que están ahí. La primera reza que no debemos regresar al lugar donde hemos sido felices. La segunda recomienda mantener en nuestros sueños ese lugar que deseamos profundamente conocer. En ambos casos el objetivo es evitarnos una (supuesta) decepción.

En la adolescencia era un tema frecuente hablar de los lugares que queríamos conocer en el futuro y Nueva York era mi primera opción. Algunos de mis amigos ya le han dado la vuelta al mundo y yo todavía estoy en pañales. Aun así, no me quejo. He estado en NY a los 21 años, a los 28 y a los 31, y cada viaje ha sido una experiencia de felicidad diferente, así que lo de no regresar, al menos a NY, para mi no vale para nada. A la primera de cambio regreso, evidentemente, y eso que soy supersticiosa.

Uno de los viajes que traje en mis sueños de Caracas a España era ir a las playas de Cádiz. No conocer el Taj Mahal. No cruzar el puente Carlos de Praga. No comprar una lámpara en Marrakech. Cádiz es un sueño que nació contradictoriamente, a propósito de una decepcionante historia de mi vida, cuando me bautizaron Octavia de Cádiz, como la mujer de la novela de Alfredo Bryce Echenique, continuáción de La exagerada vida de... Curioso que de una catástrofe sentimental pueda salir un buen sueño, pero cierto.

Durante estos años he alimentando el sueño de hacer un recorrido por Zahara de los Atunes, Barbate, Caños de Meca, Bolonia, Tarifa... He hecho mis pinitos. Al pisar España en el 2003 lo primero que hice fue alquilar un coche para bajar a la ciudad de Cádiz y en el 2006 fui a encontrarme con R&X en Tarifa para conocer a su hija. Araya. Aunque suelo darle vueltas de reconocimiento a los objetos de mi deseo antes de lanzarme al agua, un día me lanzo y este verano fue exactamente lo que hice. Con mi amado Chapulín Colorado y con Tieta hice ese recorrido de mis sueños. En la foto, está Tieta frente a las costas africanas. El viento soplaba a nuestro favor. Cruzo los dedos por volver.

24.7.08

Cumpleaños


Finalmente ha bajado la temperatura. Tengo la ventana abierta de par en par y corre la brisa. Todas las luces del edificio que tengo enfrente están apagadas. No tengo que hacer nada. Silencio absoluto. Un lujo. Hoy cumplo 38 años. Para celebrar voy de paseo por la mañana, con Ismenia y Tieta, y esta noche con el CH voy al cine y a cenar en un japonés. El plan perfecto. No sé si hubiese hecho una fiesta, pero me resultaría complicado. Hace mucho que no veo a casi todos los amigos que viven en Madrid, algo imperdonable. Atrapada en otras historias, he perdido el mood para la vida social y no logro recuperarlo. El resto está de vacaciones, o están en Caracas, o están regados por el mundo. De todas maneras, me gustaría que supieran que les echaré de menos y que esperaré la ocasión para celebrar con cualquier excusa. Estoy pensando en Lucía, Fátima, Ignacio, Iago, Myriam, Joel, Emily, Juan César, Jaime, Rodolfo, Ximena, Tania, Selina, Luis, Marjorie, Gustavo, Italo, Liscano, Marcelo, Joanna, Mairí, Maytté, Arturo, Antonio, Argenis, Cristina, Gabriel, Natalia...

12.6.08

Sillas voladoras


Me gustan los parques de atracciones, sobre todo porque son el paraíso de la dispersión. Los juegos de feria y los peluches gigantes. Los trenes que regresan al mismo sitio. Los lugares maravillosos, misteriosos, peligrosos. El ruido. Las luces incandescentes. El algodón de azúcar, los refrescos, los perritos calientes. La posibilidad de perderte, de sorprenderte, de marearte, de cerrar los ojos y gritar delante de mucha gente, de subir muy alto, de bajar al fondo a gran velocidad, de experimentar el vacío. La montaña rusa me da bastante miedo pero suelo subirme en alguna, en cuanto alguien insiste.
En el Parque de Atracciones de Madrid hay sillas voladoras. La estructura está rodeada de árboles altos. Las sillas son de mimbre y están sujetas al techo por cadenas. Cuando estás dando vueltas, cada vez más rápido, te acercas tanto a los árboles que tienes la sensación de que vas a chocar contra ellos.
Me gustó mucho conocer ese parque el otro día. Mientras J y el CH estaban en la montaña rusa, yo aproveché para subirme en las sillas voladoras. La sensación es total, disfruté en grande. Me acordé del Tolón, el parque donde yo iba en Caracas cuando era niña y de sus sillas voladoras. Es una costumbre maravillosa la de reservarse algunas etapas sin superar.